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Bullying y genocidios: los mismos patrones.

Distintas escalas

El bullying no es un simple “juego de niños”. Comparte los mismos mecanismos psicológicos y sociales que han estado presentes en algunos de los episodios más oscuros de la humanidad, como los genocidios.

Los patrones que se repiten

  1. Señalar a un enemigo
    • Hitler señaló a los judíos como responsables de todos los males de Alemania.
    • En el bullying, se señala al “raro”, “el gordo” o “el friki”.
  2. Deshumanizar al otro
    • En el nazismo, los judíos eran descritos como “plaga” o “parásitos”.
    • En el bullying, los insultos reducen al otro a un objeto de burla.
    • Como recuerda el Dayton Holocaust Resource Center: “los genocidios siempre comienzan de forma pequeña, con burlas, aislamiento y acoso al ‘otro’”.
  3. La fuerza del grupo
    • En los genocidios, vecinos participaron por presión social.
    • En el bullying, las risas y el silencio refuerzan al agresor.
  4. El miedo a quedarse fuera
    • Bajo regímenes totalitarios, quien no obedecía podía ser castigado.
    • En la escuela, si un niño no se une, teme convertirse en la próxima víctima.
  5. El silencio de los testigos
    • La comunidad internacional tardó en reaccionar ante Hitler.
    • En el bullying, compañeros y, a veces, adultos callan o minimizan lo que ocurre.

Lo que nos enseña la psicología

  • Milgram mostró que el 65% de las personas obedece órdenes dañinas si una autoridad se lo pide.
  • Stanford demostró que personas comunes pueden volverse crueles en cuestión de días si se les da poder sin control.
  • Investigadores actuales han descrito esta continuidad desde el bullying escolar hasta la violencia colectiva (International Hate Studies, 2018).

El mensaje es claro: la maldad no siempre nace de “monstruos”, sino de gente común que no sabe resistir la presión del grupo o de la autoridad.

Qué podemos hacer como padres y educadores

  1. Enseñar empatía → “¿Cómo te sentirías si te pasara a ti?”.
  2. Reforzar valores → respeto, justicia, solidaridad como brújulas para actuar.
  3. Dar ejemplo → los niños aprenden más de lo que ven que de lo que oyen.
  4. Romper el silencio → enseñar que callar es ser cómplice.
  5. Apoyar al diferente → mostrar que la diversidad enriquece.

La lección de fondo

El Upstander Project trabaja este mismo paralelismo con estudiantes: si no actuamos ante el bullying, estamos entrenando a los niños a mirar hacia otro lado ante la injusticia, igual que ocurrió en los momentos más oscuros de la historia.

Hitler no habría podido llevar a cabo el Holocausto sin millones de personas que obedecieron o callaron. En el bullying ocurre lo mismo a menor escala: el agresor solo es fuerte porque el grupo lo respalda o se queda en silencio.

Educar en empatía y valores no es un detalle bonito, es una vacuna contra la obediencia ciega y la deshumanización. Es dar a los niños el coraje de elegir lo correcto aunque cueste, incluso cuando todos digan “sí” y ellos tengan que decir “no”.

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