Distintas escalas
El bullying no es un simple “juego de niños”. Comparte los mismos mecanismos psicológicos y sociales que han estado presentes en algunos de los episodios más oscuros de la humanidad, como los genocidios.

Los patrones que se repiten
- Señalar a un enemigo
- Hitler señaló a los judíos como responsables de todos los males de Alemania.
- En el bullying, se señala al “raro”, “el gordo” o “el friki”.
- Deshumanizar al otro
- En el nazismo, los judíos eran descritos como “plaga” o “parásitos”.
- En el bullying, los insultos reducen al otro a un objeto de burla.
- Como recuerda el Dayton Holocaust Resource Center: “los genocidios siempre comienzan de forma pequeña, con burlas, aislamiento y acoso al ‘otro’”.
- La fuerza del grupo
- En los genocidios, vecinos participaron por presión social.
- En el bullying, las risas y el silencio refuerzan al agresor.
- El miedo a quedarse fuera
- Bajo regímenes totalitarios, quien no obedecía podía ser castigado.
- En la escuela, si un niño no se une, teme convertirse en la próxima víctima.
- El silencio de los testigos
- La comunidad internacional tardó en reaccionar ante Hitler.
- En el bullying, compañeros y, a veces, adultos callan o minimizan lo que ocurre.

Lo que nos enseña la psicología
- Milgram mostró que el 65% de las personas obedece órdenes dañinas si una autoridad se lo pide.
- Stanford demostró que personas comunes pueden volverse crueles en cuestión de días si se les da poder sin control.
- Investigadores actuales han descrito esta continuidad desde el bullying escolar hasta la violencia colectiva (International Hate Studies, 2018).
El mensaje es claro: la maldad no siempre nace de “monstruos”, sino de gente común que no sabe resistir la presión del grupo o de la autoridad.
Qué podemos hacer como padres y educadores
- Enseñar empatía → “¿Cómo te sentirías si te pasara a ti?”.
- Reforzar valores → respeto, justicia, solidaridad como brújulas para actuar.
- Dar ejemplo → los niños aprenden más de lo que ven que de lo que oyen.
- Romper el silencio → enseñar que callar es ser cómplice.
- Apoyar al diferente → mostrar que la diversidad enriquece.
La lección de fondo
El Upstander Project trabaja este mismo paralelismo con estudiantes: si no actuamos ante el bullying, estamos entrenando a los niños a mirar hacia otro lado ante la injusticia, igual que ocurrió en los momentos más oscuros de la historia.
Hitler no habría podido llevar a cabo el Holocausto sin millones de personas que obedecieron o callaron. En el bullying ocurre lo mismo a menor escala: el agresor solo es fuerte porque el grupo lo respalda o se queda en silencio.

Educar en empatía y valores no es un detalle bonito, es una vacuna contra la obediencia ciega y la deshumanización. Es dar a los niños el coraje de elegir lo correcto aunque cueste, incluso cuando todos digan “sí” y ellos tengan que decir “no”.
